Lleva toda su carrera dedicada al estudio y defensa del patrimonio. Ha participado en numerosos proyectos de restauración dentro y fuera de la región. Esta dedicación le ha valido al palentino Javier Rivera Blanco el premio Castilla y León de Restauración y Conservación del Patrimonio, que ayer le concedió un jurado presidido por Antonio Ruiz Hernando, también experto en restauración. El premiado es catedrático de Historia de la Arquitectura y de la Restauración en la Universidad de Alcalá de Henares y profesor invitado en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia. Está a punto de publicar una Historia de la Restauración en España durante el siglo XX en la que ha invertido ocho años de trabajo. Ha recibido con «enorme satisfacción» un galardón que le reconoce en su tierra y del que ha sido jurado en otras ocasiones.
-Desde el extinto Instituto Español de Arquitectura participó en la redacción de la Carta de Restauración del Patrimonio Cracovia 2000. ¿Que aportó de novedoso?
-Sobre todo, supuso una actualización de los criterios, ya que la última carta de restauración databa de 1964. Un mundo tecnocientífico como el actual tiene una visión muy distinta del Patrimonio. Ha cambiado la organización de los proyectos de restauración y, sobre todo, se han incorporado equipos multidisciplinares a los proyectos. Ahora participan no solo arquitectos sino físicos, químicos, arqueólogos etc. También ha cambiado la consideración del Patrimonio como algo social, más cercano a la gente. Ahora se ve como una fuente de recusos.
-¿Estamos todavía muy lejos de Europa en materia de conservación y restauración del Patrimonio?
-En cuanto al nivel de los proyectos y en cuanto a la calidad de los técnicos que en ellos intervienen estamos a nivel europeo. Pero hay todavía una larga distancia en temas como la gestión del Patrimonio. Hay que tener en cuenta que en países como Francia o Italia con un nivel de patrimonio semejante, este supone el 12% del PIB, mientras que en España es todavía el 1%. Esto es lo que nos distancia de Europa. En países como Francia la gestión del patrimonio privado está muy avanzada. Aquí hay todavía muchos castillos y monumentos cerrados.
-¿Qué se puede hacer?
-Vamos a celebrar en Burgos con la Fundación del Patrimonio un congreso de catedrales de Europa al que van a venir los responsables de París, Estambul… con el fin de ver su modelo de gestión y la manera de adoptarlo en nuestro país.
Avances
-¿En el caso de las catedrales y otros monumentos religiosos no se topa a veces con una actitud muy cerrada por parte de la Iglesia?
-No se puede generalizar porque no es lo mismo en todos los casos. Es verdad que hay actitudes muy cerradas pero también es cierto que en numerosas catedrales e iglesias se celebran ya conciertos y exposiciones. Las Edades del Hombre ha supuesto un avance en este sentido.
-Toda una vida dedicada al estudio de las restauraciones, ¿hay algún proyecto que considere modélico?
-En el que estoy trabajando ahora, la restauración de la iglesia de San Pablo en Valladolid, esperamos que sea un modelo en toda Europa. Por varias razones. En primer lugar por la complejidad de los problemas que presenta. El estado de la piedra, por ejemplo, es un catálogo de todos los males de la piedra en Europa por lo que vendrán expertos de diversos países. También por la difusión del proyecto. Este podrá ser seguido por expertos y por todos los que estén interesados día a día. Y esto es algo novedoso.
-Está a punto de publicar una historia de la restauración en el siglo XX español. ¿Qué conclusiones saca?
-Que hubo una etapa muy importante en los años treinta, es decir en la República. Que durante el franquismo se produjo una involución terrible en este campo y que ya en la democracia se ha restaurado el triple de lo que se restauró en los dos siglos anteriores. También que en cuanto a criterios de restauración se ha llegado a un equilibrio. Hubo un momento peligroso en los ochenta en la que se hicieron algunas restauraciones muy discutibles, como Sagunto o la de la catedral de Ávila, pero ahora ese peligro ha pasado.
-Ahora la polémica está en la integración de edificios modernos en cascos históricos muy definidos como el caso del edificio de Moneo en Ávila.
-Yo estoy a favor de la conservación integral de los cascos históricos. Y cuando se produce alguna pérdida irreparable y hay que construir un nuevo edificio, este debe al menos ser armónico con el entorno. Estoy en contra de edificios como el de Moneo en Ávila porque creo que van contra el alma de los cascos históricos. Esto en Europa los arquitectos lo tienen mucho más claro.